La Historia de Severo

Severo Estrada nació en el pueblo de Yachapa, en la provincia Sihuas del departamento de Ancash, en el norte del Perú.  Allí vivía por su niñez con sus padres y cuatro hermanos – dos mujeres y dos varones.  Yachapa era muy pequeño, con menos de 150 habitantes, y sin un camino para que lleguen carros al pueblo.  Ubicado en las montañas, el pueblo era rico en naturaleza y belleza, pero pobre en términos económicos.  Sus padres eran campesinos analfabetos, y sobrevivían de su cosecha y sus animales.

“La gente en la comunidad se dedicaba a su chacra.  Uno trabaja en su chacra para poder mantenerse…Porque allí no hay otra manera para vivir.  Lo que hace las personas es sembrar maíz, trigo, papa, solamente para alimentarse.”

La ubicación de Chinchobamba, el pueblo de Severo

Severo crecía en la casa, hablando quechua con sus padres y aprendiendo castellano en el colegio, al que asistió desde los cinco años.  Tenía que caminar dos horas de ida y otra dos horas de regreso todos los días, porque no había una escuela en Yachapa y tenía que caminar hasta el pueblo más grande para clase.  Le gustaba ir a escuela, pero admite que no era una educación muy buena.

“Aprendimos lo normal – matemáticas, lenguaje, un poco de todo.  La enseñaza tampoco era muy buena, no es tan bueno en la provincia, no como (Lima)”.

Así vivía los primer 16 años de su vida – asistiendo a clase y ayudando a sus padres en la chacra.  Para divertirse, participaba en las fiestas patronales del pueblo, y gozaba del baile y la música típica de la región.  Sin embargo, a los 16 años, Severo decidió salir de su comunidad de Yachapa para ir a la gran ciudad de Lima.  Él no tenía una razón específica para venir a la ciudad, fue más que todo por su curiosidad para conocer el mundo más allá que su pueblo y aprovechar las oportunidades que existían.

“Bueno, como todo provinciano, quería conocer a Lima, y, bueno, salí.  A pesar de que mis padres no quisieron que saliera de acá, quería salir y conocer”.

Para Severo, salir de Yachapa era una decisión difícil, porque quería mucho a sus padres y sentía una fuerte conexión con su tierra natal. Sin embargo, reconocía que ir a Lima podía abrir muchas puertas para él, y decidió salir. Sus padres lo apoyaban en su decisión porque, como Severo describe “como todos padres querían lo mejor para sus hijos”.  El vino a la ciudad con su tía, la hermana de su papá.

“Fue un viaje terrible porque no sabía, nunca había viajado en carro antes.  Venimos en bus.”

Severo en su casa en Los Olivos

Cuando llegó a la ciudad, Severo vivió con su tía en una zona en las orillas del río Rimac.  De repente, justo después de llegar a la ciudad, empezó a trabajar en una fábrica.  Consiguió el trabajo por una prima suya que le había recomendado para la posición.   Para Severo, una de los dificultades de venir a la ciudad por primera vez era que tenía que hablar en castellano todo el tiempo.  Aunque lo había aprendido en el colegio, no lo usaba mucho en conversaciones y fue un desafío al principio, pero poco a poco fue aprendiendo y mejorando.  También Severo nota que habían diferencias culturales que tenía que aprender y capacidades para el trabajo que faltaba antes de venir a la ciudad.  Aunque todo eso fue difícil para un joven de 16 años, él lo manejaba pensando en el propósito de venir a la ciudad.

“Traté de pensar en el futuro, porque hay cosas de que no puede cambiar.  Hay que acostumbrarse”.

Después de un año trabajando en las fábricas en Lima, Severo se enroló al ejército peruano porque en aquel tiempo, de la primera presidencia de Alan García, el servicio militar era obligatorio.  Este tiempo de ser parte del ejército era bastante difícil para Severo, y se acuerda mucho de extrañar a su familia y su tierra durante sus dos años de servicio.

Después de sus dos años en el ejército, Severo salió y empezó de nuevo a trabajar en las fábricas.  Poco tiempo después, el conoció a su esposa cuando los dos estaban yendo de viaje a su tierra natal.  De allí se casaron y se mudaron al distrito de Los Olivos,  donde todavía viven.  Tiene dos hijos con Margarita, y él pasa la mayoría de su tiempo trabajando.

Hace quince años que Severo empezó a trabajar en la empresa de SANDVIK, una empresa multinacional que construye materiales para minería y construcción.   Consiguió este trabajo por la recomendación del padre de la familia donde trabajaba su esposa, y su posición era la más baja en la empresa, de solo hacer trabajo físico.  Pero, a través de los años, ha subido en su posición y ahora es el dirigente de una parte de la empresa.  También tiene su propio empresa que está empezando en su casa con el apoyo de su familia.

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